Reflexión sobre la observación en la educación infantil: el cerro no es café; es azul…

Texto reflexivo sobre la mirada inocente y la observación en la educación infantil

Este texto se titula “El cerro no es café; es azul…” debido a una interesante experiencia que tuve a los 4 años de edad. Desde mi punto de vista es un hecho muy particular que da lugar a una reflexión sobre varios puntos importantes referidos a la educación infantil.

Imagen dibujo cerro azul y cerro café - Romina Guerra Alvarez 2011

Bueno,  esto sucedió cuando estaba en el jardín infantil, donde se realizaban las típicas actividades manuales que deben aprender a hacer los niños. En este caso trataba de una tarea en la sala de clases donde se nos pidió dibujar. No recuerdo si el tema era libre o predeterminado, pero recuerdo muy bien lo que dibujé…

Desde que tengo memoria, dibujar ha sido una de mis acciones favoritas, así que estaba muy contenta haciendo la tarea. Dibujé un paisaje donde había una niña, y al fondo había un gran cerro tras el cual aparecía el sol. Comencé a pintar alegremente el cerro, de color azul, porque desde mi casa se ve el cerro Mauco de Concón en la lejanía, y todos los días yo lo veía de tonos azules.

Estando en plena creación artística llegó la tía del jardín y me dijo que tenía que pintarlo de nuevo, porque el cerro era de color café. Yo no coincidía con su opinión, pero tuve que hacerle caso y me hizo pintar color café sobre el lindo azul que yo había elegido.

Como niña pequeña, encontré que eso era injusto, y que la tía no tenía idea de cómo era un cerro.  Estaba molesta e indignada, y he de confesar que aún hoy siento que la tía no tenía derecho de hacerme cambiar el color sin una mayor explicación más que la creencia general de que los cerros y la tierra en los dibujos deben pintarse de color café. ¿Por qué tenía que cambiar mi visión del mundo sin una razón clara?

A través de los años fui aprendiendo sobre arte y teorías del color. Entre ellas, que los colores fríos (azules, violetas) dan la sensación visual de lejanía, mientras que los cálidos parecen acercarse. Ejemplo clásico es la Gioconda de Da Vinci con tonos ligeramente más azulados como parte del paisaje de fondo de la figura principal. La tía del jardín podría haberme explicado que si mi dibujo mostraba un cerro en primer plano, este sería café por los tonos de la tierra vistos de cerca; y que si lo pintaba azul significaba que ese cerro estaba a una gran distancia del primer plano. Esto me habría permitido: obtener un nuevo conocimiento, comprender la percepción de los colores y me habría sentido alegre de aprender. Sin embargo, ya sabemos que eso no sucedió.

Bueno, pero esto no se trata de la teoría del color ni de los efectos para pintar un buen paisaje. Se trata de lo siguiente: la “mirada inocente”. Este concepto lo aprendí en la Escuela de Diseño, donde gran parte de la capacidad de observación de la realidad (base del proceso de diseño) parte de la “mirada inocente”, es decir, aquel mirar que contempla como un niño, que se asombra ante lo que ve y lo mira sin prejuicios ni ideas preconcebidas. Este mirar sin prejuicios de “adulto” permite tener una capacidad de observar la realidad de manera más objetiva, sentando las bases para un posterior proceso de análisis de la misma.

Si seguimos la experiencia  de “El cerro no es café; es azul…”, nos damos cuenta que ese fue un momento que la educadora de párvulos pudo usar para que la visión original e inocente de un niño, permitiese su instrucción y además sentase una base temprana de su capacidad de observación de su entorno. Sumado a esto, que el niño estaba haciendo una actividad de su agrado, lo que genera la posibilidad de entregarle un conocimiento en el momento preciso en que está más dispuesto a recibirlo.

Si nos damos cuenta, el sistema educacional actual desde sus bases (jardín infantil) está concebido para que todos tengamos pensamientos uniformes, que tengamos una visión similar del mundo, ya que es un modelo hijo de la revolución industrial: ¿qué tanto ha evolucionado la educación (en su estructura de implementación) desde el siglo XIX? Se necesitaba mano de obra entrenada para que no tuviese mucha diferencia entre sí, para formar un eslabón en la cadena de producción. ¡Eso es lo que se debe cambiar ahora!

¿Cómo se pretende mejorar la sociedad si el sistema educacional desde sus inicios, trata de refrenar la mente curiosa, creativa, sin ideas preconcebidas y la mirada inocente del niño?

Son esas cualidades infantiles las que se deben respetar, hacer más fuertes y ensalzarlas.
De todo esto, podemos notar:

  • La necesidad de educadores de visión amplia que sepan reconocer las habilidades de los niños y fortalezcan sus propias e inocentes visiones del mundo.
  • La necesidad de aprovechar las oportunidades de sentar las bases de la capacidad de observación, cuestionamiento y visión analítica de la realidad desde las edades más tempranas posibles.

A modo de cierre, cito parte de un texto de “Mujercitas” de Louisa May Alcott: “si un niño hace una pregunta, significa que está preparado para oír la respuesta”.

RG-

¿Has vivido alguna experiencia similar? Todos los comentarios son bienvenidos. Gracias!

—— romina opina ——–


2 responses to “Reflexión sobre la observación en la educación infantil: el cerro no es café; es azul…”

  1. concuerdo tanto con este post. Llegué acá de patuda, pero siempre -como profesora- dejo que lso niños pinten las cosas del color que las perciben, eso los hace maravillosos, unicos, no están “contaminados” por las convenciones de nuestra sociedad… en donde sobran cerros café y faltan cerros azules 🙂

    • romina opina says:

      Y muy especialmente utilizar esas ideas únicas de la visión de los niños para guiarlos desde pequeños, para que logren una capacidad analítica del mundo que les rodea. Gracias por comentar!

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